Estas lesiones corresponden al daño físico directo sobre arterias o venas ocasionado por impactos mecánicos externos, como heridas de bala, armas blancas o fracturas óseas. Sus consecuencias inmediatas varían entre hemorragias masivas que ponen en riesgo la vida, o la formación de hematomas e isquemia aguda por la interrupción súbita del flujo sanguíneo hacia los tejidos distales.
