Estas alteraciones funcionales se originan por una respuesta neurovascular inapropiada que causa espasmos o dilataciones exageradas en los vasos sanguíneos ante estímulos como el frío o el estrés. No existe una obstrucción física real en la estructura del vaso, pero la desregulación produce cambios drásticos en la coloración de la piel, dolor, hormigueo y fluctuaciones térmicas locales molestas.
